Quiero hablar de la historia de mi búsqueda de Dios y Su trato conmigo. Esta historia podría continuar durante días y días, pero sólo voy a hablar de los sentimientos más intensos y lo que puedo recordar más claramente. Por favor, ten paciencia conmigo mientras que yo trato de describir y explicar los momentos en que supe que el Creador del universo tocó mi vida. Nunca habrá palabras suficientes para hablar de esto, pero voy a hacer lo posible para contar exactamente lo que sucedió.
Siempre creía en Dios cuando era una niña. Jesús nos dice que debemos ser como niños pequeños para entrar en el reino de Dios, y con razón. Como una niña pequeña, siempre creí que Jesús me cuidaba y estaba conmigo. Nunca me dormí sin hablar con Él primero. Yo hasta le cantaba a Él en la época de Navidad, pensando que en realidad era su cumpleaños. No me importaba sobre Santa, solo me importaba sobre Jesús y su cumpleaños.
Cuando crecí y las tentaciones de este mundo comenzaban a atacarme, las cosas inocentes de esta vida se embotaron y Jesucristo se hizo simplemente un personaje de un libro o una persona tan lejos que yo nunca podía conocerlo realmente. Siendo muy joven yo estaba en angustia, no comprendiendo el significado de la vida y viendo el dolor y el sufrimiento de este mundo.
Me dí cuenta de la vanidad y la futilidad de las cosas que la gente deseaba: la fama, la fortuna, y El Sueño Americano. No podía ver como la genta podría estar satisfecha con eso, y como gastaban sus vidas para eso. Quería algo más profundo.
Me involucré en la música y el arte, cual usaba para olvidarme de todo. Pude dibujar las cosas cuales no podía describir en palabras. Mis dibujos siempre eran depresivos y oscuros. Disfruté la música rock y sus conciertos violentos. Yo podía gritar tan fuerte como pude y soltar todas mis frustraciones en un grupo de jóvenes que sentía lo mismo que yo.
Cuando empecé la escuela secundaria, yo encontré a una chica que estaba en algunas de mis clases. Ella era chula y bonita, por lo cual nos convertimos en amigas muy rápidamente. Ella me dijo que era una cristiana. Ella era la primera persona cual yo conocí que yo consideraba a ser cristiana. Ella me invitó a su iglesia llamada Ministerios Verbo, pero le dije que no quería ir. Tenía miedo de ir detras de mi decepción por la hipocresía de la Iglesia Católica. Si se trataba de algo como eso, yo no iría. Pero ella insistió que era diferente.
Después de conocerla mejor, dije que iría, y me fui a su iglesia. Recuerdo haber oído música muy energética, como la música judía. Era diferente que la iglesia Católica, y era un ambiente feliz. Me senté en la frente con sus padres. Recuerdo que mis ojos se pusieron llorosos después de escuchar algunas canciones emocionales. Me gustó y le dije que iría de nuevo. Lo hice, pero a veces no iba porque no tenía ganas.
Recuerdo que después de unas semanas de ir a esa iglesia, se me preguntó por uno de los ancianos de la iglesia si yo quisiera recibir a Jesús en mi corazón. Tenía miedo, porque yo sabía por naturaleza que para convertirse en un cristiano, se significaría un compromiso total. Yo estaba nerviosa porque tenía miedo de decirle no a Dios y después morirme. Yo no sabía lo que pasaba después de la muerte. Así es que yo dije sí, y él me agarró de la mano y me guió en una oración que tuve que repetir que fue algo así:
"Querido Señor Jesús, gracias por morir por mí en la cruz por mis pecados. Por favor, perdóname por mis pecados. Yo reconozco que Tú eres el Hijo de Dios. Yo vengo a Ti en este momento pidiendo perdón y pidiendo que Te sientes en el trono de mi corazón, para ser mi Señor y mi Salvador. Ahora yo sé que cuando me muera, voy a ir al cielo. En nombre de Jesús, Amén."
Eso fue bastante fácil. Todo el mundo estaba muy emocionado, pero me sentí bastante estúpida. Sonaba más como un conjuro mágico que una oración pidiendo que Jesús vendría en mi corazón. Supongo que nadie, salvo yo, pensaba esto.
Para hacer el cuento corto, yo seguía yendo a Ministerios Verbo. La mamá de mi amiguita me compró una Biblia. Yo diría que a veces lo leí, pero generalmente no, solo porque yo no lo entendí, y honestamente, yo no estaba interesada. Todavía maldije e hice cosas que me da vergüenza admitirlo. Yo nunca cumplía mis responsabilidades ni respetaba mis mayores. Además, siempre me metía en problemas en la escuela y con los maestros. Pero por alguna razón yo pensaba que iba a ir al cielo porque había orado una oracioncito. No obstante, cuando yo pensaba de esto profundamente, yo no estaba convencida de que era la verdad.
Yo me involucré más en la iglesia y traté de dejar de hacer algunas de las cosas groseras en que yo estaba involucrada. La mayoría de mis amigos no iban a la iglesia, pero eran jóvenes normales---iban a la escuela, vivían con sus familias, asistían a las fiestas, y sólo fumaban o tomaban a veces. Yo tenía miedo de fumar, y tenía miedo de las drogas y la bebida. Pero por la presión social, yo decía que si fumaba. Estoy agradecida a mis maestros en la escuela primaria para la educación anti-drogas.
Yo era una persona religiosa normal. Yo iba a la iglesia todos los domingos, a los servicios de jóvenes, a los retiros, y leía mi biblia. Yo hasta evangelizaba en MySpace y empecé de pintar y dibujar imágenes religiosos. ¡Yo hasta iba a los conciertos de Rock Cristiano! Oh, sin duda alguna yo tenía que ir al cielo por esto.
Encontré a un muchacho en mi clase de religión y filosofía. Me dijo que era cristiano y que iba a una iglesia grande llamada El Rey Jesús. Estábamos interesados en las mismas bandas de Rock Cristiano. Me dijo cosas buenas de esa iglesia. No me quería salir de la iglesia Verbo porque sentía como si estuviera traicionando a mis amigos de la iglesia. Pero el muchacho fue a mi iglesia dos veces y después él me dijo que mi iglesia estaba seca y que no era bueno para mi crecimiento espiritual. Yo sabía que él tenía razón. Mi pastor decía lo mismo cada domingo y todo lo que haríamos fue comer a Wendy's o a Pizza Hut y tocar a la guitarra en el grupo de jóvenes. Yo sabía en mi corazón que si yo iba a seguir a Jesús, mi iglesia no iría a ser así. Además, me dí cuenta de que la mayoría de los miembros de mi iglesia estaban en pecado grave. Me sentí decepcionada por este hecho, sobre todo porque me sentía que yo era la única que estaba haciendo un esfuerzo de cambiar y buscar a Dios personalmente.
Me fui a la iglesia del muchacho y realmente me gustó. La iglesia era enorme y todos aparecieron a ser muy apasionados. Todas sus canciones me hicieron llorar. El predicador estaba realmente chulo y joven y llevaba ropa muy chula. Él habló con nosotros sobre las cosas que me parecieron muy importantes. Dijo que para seguir a Jesús, a veces hay que hacerlo solo, así como Jesús tenía que ir a la cruz solo. Sentí que me podía relacionar con eso, porque sabía que si yo fuera a esta iglesia, tendría que hacerlo sola. Así que lo tomé como una señal y me convertí en un miembro de aquella iglesia.
Encontré a una muchacha en esa iglesia quien era muy conocida y popular. Ella me dijo que iba a ser mi mentora y me dió su número de teléfono. Iría a su casa dos veces al mes con otras chicas y ella nos daría una enseñanza. Las enseñanzas que ella daba fueron muy profundas en comparación con los sermones que mi viejo pastor daría. Ella nos enseñaba sobre los fundamentos del Pentecostalismo, como el hablar en lenguas y el sacar demonios.
Yo comencé a predicar en mi escuela dos veces a la semana y, por eso, pensaba que yo era una especie de héroe. También yo llegé a ser muy orgullosa y arrogante. Pero las predicaciones me hicieron muy popular y chula en mi escuela y en mi iglesia. Me gustaba incorporar la música rap o la música rock en mis sermones y clases de la Biblia y los jovenes realmente disfrutaron eso. Yo hice a Jesús en una estrella de rock, y la gente realmente le gustó este Jesús que yo predicaba. En mis predicaciones yo diría algo así, "Jesús quiere que tú seas feliz en este mundo, saludable y rico. Si tratas de dejar de hacer cosas malas y no puedes, es porque hay un demonio dentro de tí y tenemos que sacarlo. Pero aparte de eso, estás bien."
Obviamente yo no entendía lo que Juan dijo, "No amen al mundo ni nada de lo que hay en él. Si alguien ama al mundo, no tiene el amor del Padre." (I Juan 2:15)
Pero en el fondo yo sentí como si algo estaba mal. Me vestía sensualmente. Iba detrás de todos los chicos. Yo peleaba con todo el mundo, yo era arrogante, y yo no tomaba la escuela en serio. Todavía yo era una rebelde. Pero en la iglesia, yo era como una Santa Virgen María en zapatos Niké.
Una noche mientras yo estaba leyendo la Biblia solita en el cuarto, leí los siguientes versículos:
"De la misma manera estos individuos, llevados por sus delirios, contaminan su cuerpo, desprecian la autoridad y maldicen a los seres celestiales. Ni siquiera el arcángel Miguel, cuando argumentaba con el diablo disputándole el cuerpo de Moisés, se atrevió a pronunciar contra él un juicio de maldición, sino que dijo: '¡Que el Señor te reprenda!' Éstos, en cambio, maldicen todo lo que no entienden; y como animales irracionales, lo que entienden por instinto es precisamente lo que los corrompe. Estos individuos son refunfuñadores y criticones; se dejan llevar por sus propias pasiones; hablan con arrogancia y adulan a los demás para sacar ventaja." Judas 8-10 y 16.
Me dí cuenta en un instante la malicia de esa iglesia. Cambiaban milagros falsos por diezmos. Prometían todo tipo de cosas para adular la gente, diciendo que era Dios. Codiciaban todo lo que brillaba y decían que para ser cristiano tenias que ser bullicioso y indiscreto. Todos deseaban promoción en la jerarquía de la iglesia y se llenaban de orgullo en las metas religiosas que alcanzaban. Rechazaban oración silenciosa, diciendo que no era escritural, y gritaban y glorificaban ideas fanáticos. No había pureza. No había amor cristiano. No había humildad. Ahí no estaba Jesús.
Inmediatamente llamé a mi amiga Bautista, y ella estaba feliz de que yo vi que ellos estaban equivocados. Entonces fui a hablar con mi madre. Ella se alegró y me dijo que sabía que esas personas estaban equivocadas, pues sus amigos del trabajo le habían dicho cosas ocultas de esa iglesia. Yo estuve sorprendida. Yo terminé todas las relaciones con la gente de esa iglesia. Ellos eran muy duros y crueles hacia mí, y eso me ayudó a comprender aún más la oscuridad de sus corazones.
Fui a la iglesia de otro mi amigo. Él fue uno de mis más queridos amigos y yo creía que era un buen cristiano. Pero cuando fui a su iglesia, yo estaba desalentado en el comportamiento de ellos y su desinterés en hablar de Dios o de Su amor. Solo comimos tacos y vimos una película. Yo sabía que nunca iría de nuevo.
Luego fui a la iglesia de mi amiga bautista para hablar con su pastor. Él era joven y muy educado. Él era diferente de los otros pastores. Parecía limpio y correcto y serio. Fui después de la escuela con mi Biblia en la esperanza de encontrar la verdad. Yo le dije lo que sentía y cómo yo pensaba que Dios me hablaba de vez en cuando. Él me dijo que Dios nunca habla directamente a la gente, sino que Él habla a la gente a través de la Biblia. Yo pensé que él estaba equivocado, porque yo sabía que muchas de las decisiones que tomé en la vida fueron a través de la ayuda de la sabiduría de Dios que se impartió directamente a mí. Yo sabía que Dios es personal, y para conocerlo, Él tendría que hablarme a mí y yo a Él. "Este tipo no sabe nada," pensé yo. Me dijo que se graduó de una escuela bíblica y me aseguró que sabía su material. Eso a mí no me interesó. Pero pensé que podría volver a venir a hablar con él. Fui de nuevo, pero yo no estaba convencida por sus argumentos.
Mi viejo amigo Jorge me invitó a su nueva iglesia. Yo creía que él era un joven serio. Así que él me recogió y me fui con él. Escuchamos canciones de rock cristiano en el camino. Cuando llegamos allí, vi a una de las chicas quién estudiaba en la clase de lenguaje de señas conmigo. Yo sabía que ella no era cristiana. Pero cepillado apagado este pensamiento yo vi a unos pocos amigos, otros viejos que tenía, y estuve muy sorprendida de verlos. El servicio comenzó con la guitarra y cantando con emoción, pero fue muy relajada. Entramos en grupos separados y hablaron sobre los problemas y luego oramos. Me sentía tan fuera de lugar.
Después fuimos a la cafetería de la iglesia. Parecía un Starbucks. El pastor vino a saludarme, la recién llegada. Él parecía un surfista, con sus pantalones cortitos, camisa deportiva, y zapatos olorosos. Saltó enfrente de mí y me dijo "WHAT'S UP, DUDE?" (QUÉ PASA, DUDE?) Mi quijada cayó. Yo estaba tan sorprendida. No podía creer la informalidad de este hombre. Sabía que esta iglesia no era para mí. Yo no estaba buscando a otro "Jesús Club". Yo quería Jesús y Su pueblo.
Le dije a una mi amiga que yo iría a la suya. Me sentí obligada porque no sabía a dónde ir. Realmente no estaba satisfecha, pero la gente en esta iglesia era mucho mejor que ellos en las otras, y también eran mucho más formales y serios. Hablaríamos de la Biblia y los caminos de Dios según la doctrina bautista, pero yo no estaba convencida de esas doctrinas. En ese entonces, pensé que todos que se sentían malos por sus pecados eran Cristianos, y por eso pensé que unas diferencias de creencia estaban bien.
Quiero contar de mis amigos en esa iglesia y cómo ellos eran muy religiosos. Muchos querían ser misioneros y meditában en las historias de los mártires mucho. Muchos decían que querían morir por su religión. Todos querían usar sus talentos—artes, el baile, la música, o el negocio para la expansión de su religión. Por eso yo creía tan bien de ellos hasta que el Señor me enseñó el camino malo en cual yo andaba y la sequedad y falsedad de esta religión.
Una mañana, mientras me vestía para la iglesia, yo estaba pensando de lo que me iba a ponerme. Me gustó mucho este muchacho en la iglesia, así que quise verme bien para atraer su atención. Mientras me ponía mi cadena de oro incrustada con piedras negras, yo sentí una convicción en mi corazón. ¿Estaba yo vistiéndome para agradar al hombre o a Dios? ¿Y iba yo a la iglesia para encontrarme con Dios o con un chico? Yo vi la vanidad de mi corazón y puse la cadena en una cajita y jamás me lo volví a poner. Le pedí disculpas a Dios y le dije que iría a la iglesia por Él. Mientras pasaban los meses, yo bajé el tono de mi maquillaje por la misma razón. El Señor llama a sus hijas a ser de un espíritu tranquilo y manso, pero yo estaba tratando de llamar la atención sobre mí mismo.
Yo tenía muchas batallas internas ese año: por ejemplo, el control de mi enojo y mis tentaciones, mis dos puntos débiles. Yo estaba muy molesta y me dirigí al Señor en la oración frecuentemente, pidiendo la liberación de estos deseos dolorosos. Me reuní con mi pastor un día después del servicio. Empecé a contarle mis luchas y mis dolores en el hogar y en mi vida cotidiana. Empecé a llorar. De la mirada en su cara, pude ver que él también pudo empezar a llorar. Él me dijo con simpatía: "¡Oh Marggie, tu necesitas un esposito." Me sentí desbaratada cuando él me dijo eso, especialmente oyéndolo de un pastor que supuestamente sabía de estas cosas. Yo quería la liberación de mis pecados (algo que él dijo que nadie podía tener), no un "esposito."
Yo sentía en mi corazón que en Jesús hay victoria, así que no renuncie hasta llegar a eso. Hablé con mi amiga y ella era más útil. Ella era tan especial. Queríamos hablar de estas cosas y ella parecía comprenderme más, pero ella también dijo que nunca dejaría de pecar: "Jesús sólo nos cubrió con su túnica blanca, pero por dentro todavía estaríamos sucias." Yo estaba devastada. Conocí gente en la iglesia que también pensó que esta idea era errónea, pero no hicieron nada al respecto.
En este tiempo, oía un predicador llamado Paul Washer casi diariamente. Mi amiga me lo introdujo a los sermones de este predicador Bautista anteriormente. Yo lloraba casi el tiempo entero que lo escuchaba. El predicaba sobre los horrores del pecado
En aquel tiempo yo tuve que tener un cirugía en una mi rodilla. Después de mi cirugía, me quedé sola durante muchas horas. Rezé y hablé con Dios casi todo el día. Fui a la iglesia después de dos semanas de reposo. Me aseguré de que yo iría porque yo amaba a todos mis amigos y quería escuchar la palabra de Dios. Mi amiga y yo fuimos a la clase de Biblia que mi pastor enseñaba los miércoles. Era muy interactivo. Él nos dió un libro para rellenar por cada semana de clase. En cuanto lo leí, vi lo estúpido que era. Era tan vacío como "la oración de salvación" que yo había rezado tres años antes en la otra iglesia.
Yo estaba partida por dentro. Mientras el pastor enseñaba, yo sentí el Señor en mi corazón derribando cada una de las enseñanzas del pastor. Yo estaba sentada en silencio pero, ¡oh, nadie sabía de la batalla dentro de mi alma. El Señor me estaba mostrando una vez más la falsedad del falso cristianismo. Empecé a hablar con el pastor de estas cosas. Me aseguró que estaba equivocada. Le rogué que reconsiderar. Yo estaba confundida, pero sentí la misma voz que me dijo que yo debía salir de las otras iglesias también me decía que esta estaba equivocada también. Me dolió. Yo recé a menudo y le rogué al Señor que me ayudara.
Comencé a buscar en el internet por articulos para darlos a mi pastor. Encontré algunas que fueron muy bien y se los dí a mi pastor. Yo no quería hacer esto sola. Yo quería que mi pastor viera la falsedad de su religión Bautista, también. Él sólo leí las primeras pocas palabras e ignoró el resto. No trató de entender lo que estaba tratando de decirle. Yo estaba frustrada. En ese entonces, mis amigos más cercanos estaban tratando de aclarar estas cosas conmigo. Algunos fueron de acuerdo y otros no. Algunos que no entendieron, me dejaron.
Invité a unos pastores a mi casa, llamé a algunos por teléfono, y mandé por correo electrónico a muchos otros. Por causa de mis frustraciones yo estaba enojada con Dios y comencé a perder la fe en Él. Traté de vivir sin pensar en Jesús y pensé de buscar la verdad en el judaísmo. Pero en mi corazón yo sabía que Jesús era y es y será siempre el Hijo de Dios que vino para redimirnos de nuestros actos que nos separan de Él. Le pedí a Dios que me perdonara por dudar, y prometí que lo seguiría, si él sólo me llevaría por la mano. Yo sólo quería la verdad, y yo quería saber quienes eran sus hijos verdaderas. Confié en la promesa del Señor que todos los que lo buscan diligentemente lo encontraran si tienen corazón de fe.
Entonces, mientras que yo estaba buscando algo en el internet por Google, encontré una página de una iglesia en el estado de Maine (E.E.U.U) llamada Amigos de Jesucristo. Yo leí la primera página la que habló sobre el pueblo de Dios. Yo no podía dejar de seguir leyendo. Leí sobre el fin del mundo y La Segunda Venida del Señor. Por primera vez, la promesa de la segunda venida se hizo real para mí. Seguí leyendo por curiosidad. Inmediatamente me di cuenta de la seriedad de estas personas. Fuí a una página que hablaba sobre las cosas usuales como la homosexualidad, la Navidad, la televisión, y la fornicación. Cuando terminé de leer una página, leí otra. Fuí a una que hablaba de pantalones cortos y la forma en que eran inmodestos. Me hice muy molesta después de leer eso, pero yo sabía que era verdad. Era difícil admitir eso, especialmente viniendo de una fashionista tal como yo. Lloré y le pedí al Señor que si esto era correcto, que por favor me lo mostrara.
Envié un correo electrónico al pastor. Yo sospechaba que eran una secta falsa, pero yo estaba inquietada por mis pecados. Entonces le mandé un email como yo quería. Yo quería saber lo que esta iglesia enseñaba acerca del pecado, porque yo había estado buscando la verdad por mucho tiempo. Por el momento, yo estaba en correspondencia con otras tres iglesias en línea sobre la misma cosa. Ninguno de ellos parecía que le importaba mucho mi alma, pero yo todavía los tenía en mente.
El pastor de Los Amigos de Jesucristo me contestó en seguida y me dijo que había leído mi carta y me dijo que el Señor estaba de hecho hablándome. Yo sabía que él tenía razón. Él me dijo de su testimonio de cómo el Señor vino a él. Pensé que estaba loco. Él me dijo que el confiaba en el Señor que Él me guiaría en toda la verdad, porque había sido Él que me guiaba todo el tiempo. Yo sabía en mi corazón que este hombre sabía de lo que estaba hablando y que tal vez yo no fuí la única que escuchaba esa voz en su corazón. Luego leí estas escrituras en el primer capitulo del evangelio de Juan:
"En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella. Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz. Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo." Juan 1:1-9.
Entonces ese pastor me habló de su iglesia y cómo todos en la iglesia se salvaron al ser guiados por Dios. La mayoría de la gente de esa iglesia ni siquiera eran originalmente de eso pueblo. Vi que el Señor los reunió. Él me dijo que la iglesia fue fundada en lo que Jesús enseñó, "Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando." Juan 15:14. Yo sabía que eso es exactamente lo que significaría ser un cristiano.
Yo no sabía lo que el Señor quería que hiciera todavía, pero yo sabía que tenía que escucharlo. Le mandé muchas preguntas al pastor sobre lo que debo hacer, pero él sólo me decía, "Haz lo que el Señor le dice." Esto me frustró porque, aunque yo sabía que él tenía razón, era difícil esperar realmente en Dios.
Para ponerlo a prueba, le pregunté qué él pensaba de la Iglesia Bautista. Me dijo exactamente lo que yo creía que el Seor ya me mostró. Él llegó a decir que los bautistas creen que se puede entrar en el cielo sin cambio, es decir, en sus pecados, pero Jesús enseñó que uno tenía que nacer de nuevo para llegar a ser criaturas nuevas sin pecados y que no se puede ver el Reino de Dios sin este nacimiento.
Empecé a escuchar a uno de los sermones de los Amigos de Jesucristo. Yo escuché al testimonio de una mujer en la iglesia, llamada Paula. Ella testificó de cómo el Señor le habló y le enseñó cosas que estaban mal en su vida antes de su conversión. Yo sabía que era el Señor, porque Él había estado enseñandome a mí las cosas exactamente igual meses antes. Yo sabía que los Amigos de Jesucristo eran el pueblo de Dios, porque el mismo Señor que habló con ellos, fue él que me hablaba a mí.
Finalmente entendí lo que significaba la salvación. No se trata de rezar todos los días, o de ir a los retiros, o incluso de dar a los pobres. Se trata de oír la voz del Señor y ir tras Él como una ovejita y confiar en Él. Vi cuan estúpido fueron las otras iglesias—sólo me dijeron qué hacer, pero nunca me dirijó al Señor para pedirle Su voluntad. Nunca había liberación de este mundo. Al parecer las otras iglesias sólo se preocupaban en su certificación en la divinidad y en sus sacramentos, no en mirar a Dios con humildad.
Cuando oí los testimonios de los miembros de la iglesia, pensé "Wow! Estos son cristianos verdaderos!" Entonces estos versículos me vinieron a la mente:
"Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia. Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras." I Pedro 2:9-12.
De veras, estas personas eran el pueblo santo de Dios. Vi en las vidas de cada uno, cómo el Señor se reveló a si mismo a ellos en la misma manera en que Él se me reveló a si mismo, y cómo los llamó y los reunió en la misma manera en que Él estaba haciendo conmigo. Pude ver cómo en realidad eran como extranjeros y peregrinos, como Abraham y Moisés, y más importantemente, como Jesús. Y ví por sus obras que yo pude confesar que ellos eran el pueblo de Dios en mi día de visitación.
Las cosas que el Señor me mostró eran difíciles de soportar. Tuve que dejar las vanidades de mi corazón, mis joyerías y mi música mundana. Estas cosas, aunque al mundo son inocentes, son rebelión a Dios en realidad. Yo tuve que estar feliz con la manera en que Dios me hizo—no cambiando el color de mi pelo, ni imitando los modelos y actrices de este mundo quienes un día irán al infierno por su rebelión contra Dios y su voluntad. Él me enseñó que una mujer cristiana, como dice en la biblia, tiene su belleza adentro, no adornada con oro o pelo elaborado, sino que es humilde y respeta a Dios. (I Pedro 1:2-4.)
También Él me enseñó el orgullo de mis ojos y vida (I Juan 2:16), es decir, mi arte. Vi que si yo iba a servirle al Señor, yo no pudiera ser parte del mundo artístico. El arte me trajo orgullo, y rápidamente pude ver la lascivia, la arrogancia, y la rebelión del mundo del arte en sus modas y sus fanáticos. Yo estaba sorprendida que jamás yo no había visto esta verdad antes. Yo era ciega pero el Señor me estaba abriendo los ojos!
É
l me dió una idea de lo que significaba ser un verdadero cristiano, es decir, a soportar el oprobio de Cristo y a asumir nuestras propias cruces. Yo no entendía nunca lo que significaba hasta que tuve que llevarla. Finalmente yo entendí las palabras de Jesús cuando dijo, $$"El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará."$$ Mateo 10:37-39. También yo me di cuenta por qué Jesús siempre hizo hincapié en lo difícil que era para ir al cielo. Simplemente es porque el compromiso es total. Yo tenía miedo, pero al igual que Jesús dijo, yo temía a Dios más que a los hombres, porque Dios puede destruir el cuerpo y el alma en el infierno.
Era muy difícil dar mi vida por completo al Señor. Yo estaba sola y tenía esta batalla muy dentro de mí. Era difícil porque no quería perder a todos. Pero el Señor me ayudó y me enseñó que Él nunca me dejaría, y si yo confiaba en el con un corazón de fe, Él me cuidaría. Yo tuve que entender que Dios me podía dar las palabras apropiadas para hablarle a mi familia para explicarle lo que estaba pasando en mi corazón, y tuve que ver que Dios ha estado cuidando por todos sus hijos por mucho tiempo. Si Él los cuida a ellos, Él me cuidará a mí también.
Finalmente yo le dije a Dios en el fundo de mi corazón que le daría toda mi vida. Le mandé un correo electrónico al pastor en Maine y le dije que lo hice. Me respondió muy felizmente con mucho júbilo y dándole muchas gracias a Dios. Yo sabía que la iglesia estaba arrodillada en oración por mi alma. Lloré dándole gracias a Dios porque finalmente mi búsqueda terminó.
Yo crucé el puente de la muerte a la vida. En fin yo pertenecí totalmente a Dios y eso por siempre jamás, y finalmente yo conocí al pueblo de Dios. Así como Jesús prometió en la Biblia, la vida ha sido muy duro desde aquel entonces, pero yo tengo un compañerismo muy dulce con Dios mismo, así como con su pueblo, porque hemos pasado por las mismas experiencias y hemos cruzado los mismos mares. Yo tengo confianza que el Señor añadirá a otros a nuestro número en estos últimos días. De hecho, del mismo modo que Él me recogió, ya ha recogido unos desde mi conversión.
Después de tanto tiempo buscandole Él me sorprendió con Su visitación a mi alma y todavía siento unos toques tiernos de Dios en mi corazón guiandome al cielo. Estoy eternamente agradecido porque Él me enseñó con tanto cuidado y paciencia la estupidez y las mentiras de los falsos cristianos y las falsas iglesias. Él oyó mis gritos y Él vió mis deseos por la verdad, y Él me respondió en el momento adecuado. Y aunque la mayoría de mis hermanos están en Maine (digo mayoría porque ya el Señor ha salvado a otros, hasta en Tejas!), tenemos compañerismo por teléfono y yo asisto a los servicios de Maine por medio del computador y un webcam. ¡Nuestro compañerismo es muy bendito por el Señor porque estamos guiados por el mismo Espíritu Santo y caminamos en el mismo camino estrecho y un día estaremos juntos en el mismo cielo! ¡Amen!